"Por casi
cincuenta años, en América Latina, Asia y África se ha predicado un
peculiar evangelio con un fervor intenso: el “desarrollo”. Formulado
inicialmente en Estados Unidos y Europa durante los años que
siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial y ansiosamente aceptado y
mejorado por las élites y gobernantes del Tercer Mundo a partir
de entonces, el modelo del desarrollo desde sus inicios
contenía una propuesta históricamente inusitada desde un punto de vista
antropológico: la transformación total de las culturas y formaciones
sociales de tres continentes de acuerdo con los dictados de las del
llamado Primer Mundo. Se confiaba en que, casi que por fiat tecnológico y
económico y gracias a algo llamado planificación, de la noche a
la mañana milenarias y complejas culturas se convirtieran en
clones de los racionales occidentales de los países considerados
económicamente avanzados.
El presente
libro narra el surgimiento de este sueño, y cómo poco a poco se
tornó en pesadilla. Porque en vez de la tan anhelada transformación,
parece que el desarrollo solo hubiera logrado multiplicar al
infinito los problemas socioeconómicos de Asia, África y
América Latina. Basta una mirada superficial a los paisajes biofísicos,
económicos y culturales de la mayor parte del Tercer Mundo para
darse cuenta de que el desarrollo está en crisis, y que la violencia,
pobreza y deterioro social y ambiental crecientes son el resultado de
cincuenta años de recetas de crecimiento económico, “ajustes
estructurales”, macroproyectos sin evaluación de impacto, endeudamiento
perpetuo, y marginamiento de la mayoría de la población de
los procesos de pensamiento y decisión sobre la práctica social.
El enfoque del
libro es posestructuralista, en el sentido de que parte del
reconocimiento de la importancia de las dinámicas de discurso y
poder en la creación de la realidad social y en todo estudio de la cultura. El
desarrollo, arguye el estudio, debe ser visto como un régimen de
representación, como una “invención” que resultó de la historia de
la posguerra y que, desde sus inicios, moldeó ineluctablemente toda posible
concepción de la realidad y la acción social de los países que
desde entonces se conocen como subdesarrollados.
El libro retoma
los hitos más importantes de esta historia, analiza el papel de los
economistas y planificadores en ella, y se detiene a examinar en
detalle las estrategias de desarrollo concernientes a los campesinos,
las mujeres y el ambiente. Como lo sugiere
el título, y como se discute en la conclusión, el desarrollo y el
mismo Tercer Mundo están en vías de desmoronarse.
Esto ocurre no
tanto porque el Segundo Mundo (las economías socialistas de
Europa del este) haya desaparecido y la sagrada trinidad del orden
mundial de la posguerra esté llegando a su fin, sino por el fracaso
rotundo del desarrollo en términos de sus propios objetivos, y
gracias a la creciente resistencia y oposición a él por parte de un
número cada vez mayor de actores y movimientos sociales de importancia.
Las voces que claman por el fin del desarrollo como
experimento histórico que ha llegado a su fin crecen cada día.
Confiamos en
que al tratar de escribir su obituario, como pretendemos aquí junto a
otros estudios que comparten el presente enfoque, contribuimos a
imaginar alternativas, cambios de rumbo, otras formas de
representar y diseñar nuestras múltiples realidades sin reducirlas a un
patrón único ni a un modelo cultural hegemónico.
¿Es posible
imaginar una era posdesarrollo de este tipo en contextos de
globalización de la producción económica y cultural? Pensamos que
sí.
Por un lado, la internacionalización de la economía no
puede ser negada; pero las llamadas “aperturas” en América Latina
no exhiben ninguna imaginación; son en general una adaptación
pobre a las recetas neoliberales ideadas en otras latitudes;
benefician a capitalistas y sectores dominantes del mundo y perjudican a
los trabajadores, al ambiente, a los subalternos y a las culturas
diferentes.
Se impone repensar las condiciones para participar en
los espacios transnacionales. Por otro lado, si bien la expansión
tecnocientífica es irreversible, no tiene que ser catastrófica para los grupos
populares y el ambiente. ¿Cómo es posible alterar sus finalidades
y modos de operación? Esto requiere inventar prácticas
sociales que relacionen los procesos sociales, económicos y políticos con
las transformaciones tecnocientíficas, las creaciones artístico-culturales,
y los esfuerzos por superar los graves problemas socioeconómicos
que afectan a la mayoría de la población. Hoy en día, todos
los sistemas políticos están abocados a esta tarea, la cual supone la
invención de identidades subjetivas, de otras superficies de vida, verdaderamente
nuevos territorios existencialistas.
En resumidas
cuentas, es posible imaginar nuevas formas de organizar la
vida social, económica y cultural; los sistemas económicos y tecnológicos
pueden ser reorientados. No solo la voluntad paranoica de
los que poseen el poder –capitalistas, narcotraficantes, políticos
convencionales, violentos de todo tipo– puede capturar los deseos
colectivos; estos también pueden ser codificados por proyectos
liberadores.
En países como Colombia, los llamados “kínderes” de
políticos jóvenes han fracasado no por jóvenes sino por haber
entregado su capacidad de imaginación al statu quo.
A esta pobreza
conceptual se opone con frecuencia la actividad de aquellos que,
como algunos movimientos sociales e intelectuales disidentes, ven
en lo económico y tecnocientífico no el material para una
irresponsable aventura más en desarrollo sino la posibilidad de inventar
nuevas formas de ser libre. A esto llamamos posdesarrollo."
jairmontoyatoro@gmail.com
@jairmontoyatoro