"...Además del elemento
de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho que implica
ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos
son: cuidado, responsabilidad, respeto y
conocimiento.
"...Sobre el cuidado: El amor es la preocupación activa por la
vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa
no hay amor..."
"...El cuidado y la
preocupación implican otro aspecto del amor: el de la responsabilidad. Hoy en día suele usarse ese término para denotar
un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su
verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a
las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano..."
"...La responsabilidad
podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un
tercer componente del amor, el respeto.
Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz
de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual
es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse
por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el
respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca
y se desarrolle por si misma, en la forma que le es propia, y no para servirme.
Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para
mi uso. Es obvio que el respeto lo es posible si yo he alcanzado independencia;
si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El
respeto solo existe sobre la base de la libertad: el amor es hijo de la
libertad, nunca de la dominación..."
"...Respetar a una
persona sin conocerla, no es posible
el cuidado y la responsabilidad serían ciegos sino los guiara el conocimiento.
El conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación. Hay muchos niveles
de conocimiento; el que constituye un aspecto del amor no se detiene en la
periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo
trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios
términos..."
"...Puedo saber, por ejemplo, que
una persona está encolerizada, aunque no lo demuestre abiertamente, pero puedo
llegar a conocerla más profundamente aun; sé entonces que está angustiada, e
inquieta; que se siente sola, que se siente culpable. Sé entonces que su cólera
no es más que la manifestación de algo más profundo, y la veo angustiada e
inquieta, es decir , como una persona que sufre y no como una persona
enojada..."
Erich Fromm, El arte de amar (1956), Pag. 34 a 37
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