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miércoles, 8 de abril de 2020

Anticuerpos económicos para vivir mejor

Después de una infección bacteriana, el sistema inmunitario ...
Imagen tomada de: https://coenfeba.com/despues-de-una-infeccion-bacteriana-el-sistema-inmunitario-reacciona-rapidamente-para-eliminar-los-invasores/

El Covid-19 es un contagioso virus que puede atacar células y matar cuerpos y aunque hoy los infectados en el mundo son millón y medio de personas, su mayor efecto no es sobre los cuerpos, sino sobre las relaciones entre humanos y la psiquis de miles de millones de contagiados de miedo e insuficiencia de ingresos.

Las consecuencias económicas de la pandemia son diversas: inmensas fortunas no crecerán tanto como sus codiciosos dueños esperaban; los más pobres no saben si comerán la próxima semana; quienes viven de su trabajo, tanto empleados como por cuenta propia, temen que sus ingresos no sean suficientes para mantenerse.


La mayoría de personas a las que su cheque alcanza para existir sin precariedad llevan un estilo de vida más allá de sus posibilidades, viven al debe y cada quincena se evapora entre sus manos casi sin darse cuenta que ella existió.


Un virus tiene la capacidad de engañar una célula, apoderarse de ella, esclavizarla y ponerla a trabajar sólo para él hasta llevarla a su destrucción. ¿Cuántos comportamientos humanos pueden parecer ocasionados por un virus económico? Se podría pensar que son esclavos de este tipo de virus todos los que destruyen el fruto de su esfuerzo en objetos y apariencias, que más que ser fruto de una decisión acertada son consecuencia del deseo de emular a aquellos a los que quiere parecerse.


La capacidad de daño de un virus está limitada por las fortalezas del organismo que ataca y acrecentada por las otras dolencias que ese cuerpo padezca, con este virus económico es igual, el individuo contagiado que además sufra consumismo podrá tener efectos devastadores.


Los estilos económicos débiles y que se han nutrido con una dieta rica en despilfarro, deuda, ostentación e incapacidad para actuar en consecuencia con su posibilidad económica están enfermos hace mucho tiempo y la actual situación sólo evidencia el tamaño y la gravedad del padecimiento.


Para superar esta crisis es necesario que esos individuos se nutran de gasto moderado, ahorro, deuda saludable, decisiones coherentes con sus capacidades y que desde allí se generen anticuerpos económicos que les permitan enfrentar y vencer ese malsano consumismo para que no solo puedan sobrevivir sino vivir mejor.


@jairmontoyatoro

lunes, 7 de septiembre de 2015

La historia de las cosas - Annie Leonard

Las empresas juegan un papel preponderante en la actual sociedad, son el corazón de la economía, generan empleo, pagan impuestos, producen y ponen al servicio general la tecnología. La base de los negocios es identificar necesidades y maneras de satisfacerlas; se espera que en este proceso se aporte al bienestar y muchas veces se logra.

La producción, distribución, consumo y residuos tienen fuertes conexiones entre lugares distantes, tecnologías diversas, culturas contrastantes, ecosistemas únicos; es así como en un solo producto pueden haber materias primas de Suramérica, ser ensamblado por mano de obra asiática, utilizar sistemas operativos estadounidenses, sus dueños ser australianos, distribuirse en el mundo por una cadena de tiendas europea y los residuos de producción y consumo quedar dispuestos en África.

El objetivo principal de las empresas es la ganancia, todos los otros propósitos son accesorios; el excedente empresarial será la diferencia entre los ingresos totales menos los costos totales y un camino para aumentar la utilidad es lo que los economistas, de manera elegante, llaman externalizar los costos; lo cual no son más que bienes y servicios que consumen del ecosistema y la sociedad sin pagar por ellos, los usan gratis.

Toman más agua que la que es capaz de reponer la cuenca hidrográfica, extraen maderas, peces y otros organismos a tasas mayores de las que sus poblaciones pueden reponer, vierten a las fuentes de agua lixiviados con altos niveles de contaminación, arrojan al aire millones de toneladas de tóxicos, abandonan montañas de residuos en botaderos que agrupan y potencian los problemas.

A estos usos de la naturaleza por los que no pagan, o sólo lo hacen con un valor ínfimo, hay que agregar las relaciones laborales de muchas empresas que a través de una maraña de tipos de vinculación terminan eludiendo sus responsabilidades básicas con los trabajadores; es así como para abaratar sus costos vuelven externalidades las prestaciones sociales, la seguridad y salud en el trabajo, horas extras gratis; es decir para esta rebaja de costos abusan de los ecosistemas y se aprovechan de la gente.

La actual forma de producción y consumo es ante todo una gran productora de residuos, las investigaciones demuestran que en Norteamérica en sólo seis meses el 99% de todo lo generado lo convierten en basura, es una sociedad del compre y a la caneca.

Comprar y tirar a esta velocidad no es una consecuencia sólo de la satisfacción de necesidades reales sino también del despilfarro creado e incentivado por un mercadeo que publicita muchos productos y servicios innecesarios y de mala calidad; con sus estrategias le hacen creer al individuo que debe adquirirlos para parecerse a la estrella del momento y ser aceptado por su sociedad, para lograrlo este sujeto entra en un torbellino de avidez de dinero, todo ello a costa de su tranquilidad, salud y bienestar.

Los efectos también son en los ecosistemas, siendo más fuertes en los lugares más cercanos a la producción y el consumo, evidencia de ello es el Informe Planeta Vivo 2014, el cual demuestra que al 2010, y tomando como base 1970, el tamaño de las poblaciones de vertebrados en el mundo ha disminuido en 52%, y cuando esto se cruza con las causas más del 80% son antrópicas.

Puede decirse que hoy prevalece  una máscara empresarial de bienestar general, tras la cual se ocultan las intenciones de ganancia sin límites y los resultados negativos para las sociedades y la biosfera; detrás del discurso del bien a la sociedad hay una minoría que se enriquece avasallando ecosistemas y gentes; en el 2014 Oxfam publicó el informe Gobernar para las Élites  y en él demuestra que el 50% de la riqueza del mundo la posee el 1% de la población y la tendencia del abismo entre unos pocos extremadamente ricos y unas inmensas mayorías de pobres sigue en aumento.

Es importante que la sociedad conozca, discuta y tome posición frente a un modelo que tiene en su estructura tales perversidades, que genera perjuicios generales irreparables y ganancias particulares vergonzosas; los costos los exteriorizan hacia la biosfera y la sociedad pero las ganancias las internalizan hacia los accionistas.

Hay caminos desde los cuales se puede ayudar a mitigar esta tragedia como son la moderación del consumo, el apoyo a las economías locales, el repudio al uso irresponsable de ecosistemas.

La investigadora norteamericana Annie Leonard ha generado un profundo trabajo sobre el flujo de materiales y sus implicaciones en las cosas que usamos, los resultados se resumen en el video La Historia de las Cosas, le invitamos a conversar, sentir y pensar sobre la realidad que ella describe.

@jairmontoyatoro




viernes, 14 de agosto de 2015

El insomnio de la productividad

Había un mundo feliz en el que las máquinas no terminaban en la palanca o el teclado si no que de ellas hacía parte también el operario y el oficinista, la producción controlaba a estos humanos como periféricos de los aparatos a los que estaban conectados y cada ocho horas tenían relevos en los turnos de trabajo.

Para lograr que las ganancias siempre se acrecentaran era necesario contar con personas dispuestas a la eficiencia por encima de todo y esto se lograba maravillosamente; era el resultado de siglos de cambio cultural centrado en las aspiraciones del individuo, el descrédito de lo comunitario y la conversión del egoísmo en el mayor valor para guiar la sociedad.

Desde muy chicos en sus hogares les transmitían que al ser adultos serían valorados por sus ingresos y la manera de gastarlos en centros comerciales, automóviles, bisturís, parejas y otras deslumbrantes mercancías.

El sistema era eficiente, los padres impulsaban a sus hijos a ser siempre los primeros en la carrera de triciclos, en el equipo de fútbol, en las notas escolares, repetían: sólo sirve ser el primero, los demás son perdedores. El principal motivo para elegir que aprenderían sus pequeños era el cuanto ganarían en sus oficios de adultos.

Los estudiantes insistían y lograban que los profesores fueran prácticos, divertidos, ligeros y que no los perturbaran con esas tediosas teorías que explicaban los fenómenos y las causas; la sociedad había avanzado y fue aceptado como pilar de la enseñanza que no era importante aprender a sumar ya que la calculadora había rescatado a la humanidad de ese farragoso asunto.

La educación había sabido responder de manera satisfactoria a la crítica frecuente del mundo productivo que la acusaba de no conectarse con las necesidades de la ganancia;  por fortuna habían sido relegadas a su mínima expresión las humanidades, el arte y la música; la academia lograba operarios específicos, oficinistas repetitivos, directores sin liderazgo, médicos sin pacientes pero con clientes, agrónomos sin campesinos pero con rentabilidad; la eficiencia había sido lograda.

En el trabajo les decían que llegaban a una gran familia, leían los valores éticos de la empresa, comprendían con ilusión que debían estar disponibles para cuando los necesitaran, que trabajar tiempo extra sin paga era un gesto de compromiso; en diez años ya habían tenido igual cantidad de empleos; pero eso no importaba, desde su más tierna edad habían sido formados para vivir en la incertidumbre del contrato, en la precariedad del suelo y en las necesidades de del servicio.

En las charlas de motivación con la sicóloga de la empresa les recordaban que eran un equipo y debían ayudarse; en las reuniones de trabajo y cumplimiento de metas se les exigía competir todos contra todos; el sistema funcionaba bien, ya en esta etapa de la vida contaban con la ventaja firme de ni siquiera notar las contradicciones.

Para bienestar general los momentos de ocio  eran pocos, los niños tomaban ocho cursos adicionales a sus labores escolares, los adultos usaban casi todo su tiempo en el trabajo y transporte diario.

La diversión más frecuente era matar el tiempo libre desde alguna pantalla que le evitará dar vida a la conciencia de si mismo; también ya se había superado esa época primitiva de ser hincha de un equipo local y ya todos compraban camisetas y abalorios de uno o dos equipos grandes del universo con los cuales se conectaban a través de la  televisión.

Estaba en vía de superación esa atávica costumbre de conversar con el vecino, mirar la cara del interlocutor y aún la peor: dirigirle la palabra a otros en los sitios comunes donde pudieran coincidir.

La inteligencia se evidenciaba en la capacidad para hacer buenas compras un día de promoción; en la habilidad para la gimnasia bancaria y las acrobacias con los días de cierre de las tarjetas de crédito.

Esta sociedad era feliz, exhibían los objetos y el oropel que sus padres y abuelos nunca habían soñado, sabían cual era la última tontería del artista de moda, contaban con una dosis diaria de me gusta en sus cuentas sociales y estaban seguros que no había límites en y para el planeta.

Un disidente dice que protegidos por sus sábanas duermen mal, se sienten solos y frustrados, ¡Sólo es un desadaptado!

jueves, 19 de marzo de 2015

La invención del tercer mundo - Arturo Escobar

¡Es que allá si son desarrollados! Frase frecuente en conversaciones cotidianas para comparar la existencia de Latinoamérica con ese otro mundo deslumbrante y “correcto” del norte, estas expresiones siempre son peyorativas de lo propio y consecuencia del arraigo de la propaganda del “progreso”.

Desde mediados de los años 40 del siglo XX el “desarrollo” ha sido el evangelio promulgado y exigido por la casta sacerdotal actual: economistas y planificadores; ellos “describen” como se vive en estos mundos, que falta y exigen el cumplimiento de recetas para un día ser clones de ellos, de sus ostentosos “paraísos”.

Esta propuesta de “desarrollo” poco tiene en cuenta las maneras, intereses, aciertos, y saberes de la mayoría de familias, campesinos, obreros, indígenas, negros, pequeños productores y comercializadores que son su objeto” de estudio y acción.

Se esperaría que después de 60 años de discurso y actuación del “progreso” los problemas de los pobres hubieran sido resueltos, pero no es así; la exclusión y la precariedad siguen rampantes, especialmente en el mundo rural.

En Colombia los hogares rurales en pobreza (que no tienen como adquirir una canasta básica de alimentación, salud, educación, vestido) y en miseria (que pasan hambre)son el 46% y 22% respectivamente. En la zona rural en Colombia viven 14 millones de personas.

El “desarrollo” promete salvar a los “atrasados”, pero casi nunca lo logra y en cambio muchas de sus consecuencias son pueblos empobrecidos, modos de producción e intercambio desaparecidos, ecosistemas degradados y perdidos.

Al “progreso” poco se le cuestiona, poco se le pregunta por sus intenciones veladas, poco se le reclama por sus resultados ineficientes y hasta perjudiciales; por el contrario parece un chiste de mal gusto seguir esperando que para superar los problemas hay que aplicar más del mismo remedio pero en dosis más altas. ¿Esto es razonable?

Arturo Escobar investigador colombiano ha hecho un gran trabajo para entender estos modelos de “progreso”, uno de sus libros: La Invención del Tercer Mundo, describe, contrasta y propone como el discurso del “desarrollo” necesita inventar el “subdesarrollo” para nutrir los privilegios del “primer mundo” y justificar sus intervenciones en los países del “tercer mundo”.

Este libro se centra en la lógica, programas y acciones del “desarrollo” en el campo colombiano, Escobar expone y diserta desde la política internacional de Estados Unidos sobre el tema, hasta las fórmulas aplicadas en Colombia desde hace seis décadas; contenidos y acciones que casi no han variado durante todo este tiempo, sólo cambios de matices y nombres.

Debajo del discurso de “desarrollo” hay exclusión, negación, negativización de las otras maneras de existir; miles de pueblos en el mundo han cultivado otras formas económicas, sociales, de adaptación a los ecosistemas; pretender que sólo hay una manera “correcta” y es la del llamado “progreso” es por lo menos pretencioso, excluyente y dominante.

Al observar la realidad se evidencia la incapacidad del discurso y acción del “progreso” porque “después de 60 años de recetas de crecimiento económico, endeudamiento perpetuo y exclusión” no han logrado solucionar los problemas que prometían superar; hay cambios en acceso a salud, educación, información pero sólo para segmentos escasos de población; las inmensas mayorías siguen excluidas de este festín prometido, y peor aún, muchas comunidades han sido perjudicadas al ser avasalladas sus tierras, sus costumbres, sus arreglos económicos, sus saberes.

Al otro extremo de los pobres crecen de forma enfermiza la acumulación, el despilfarro, el pensar y actuar excluyentes y dominantes que tanto disfrazan de formas caritativas y bienhechoras. Para que este pequeño grupo siga aumentando sus privilegios es necesario que gran parte del mundo tenga que seguir perdiendo sus tierras, entregando sus salarios por apenas la sobrevivencia y vendiendo sus materias primas y productos por precios que ni siquiera pagan los esfuerzos necesarios para generarlos.

El actual modelo de “desarrollo” no es una senda que todos los países puedan caminar y llegar a un mejor lugar, sino que nutre el sistema “centro – periferia” en el cual en la mitad están los pocos grupos de alto ingreso y allá en las afueras están las inmensas mayorías como despensas de mano de obra, materias primas y ecosistemas baratos.

Este “desarrollo” no valora lo existente en estas tierras, parte de sus prejucios pontificando que lo que se hace y como se hace en estos lugares “atrasados” no es correcto; están mal  la organización comunitaria, la solidaridad, las formas de producción, las formas de intercambio, los saberes; todo eso está mal y lo “bueno” es que estas sociedades se viertan en el mercado, la bancarización, el consumo desaforado y el crédito eterno.

En el Sur se deben reencontrar, encontrar y cultivar las maneras propias de vivir, para ello hay que estudiar juiciosamente lo propio y las teorías del “desarrollo”, contrastar todo, someterlo a tensión, a discusión y como fruto seguir cultivando, divulgando y defendiendo las múltiples realidades y arreglos socioeconómicos que permitan un digno vivir en estos territorios.

@jairmontoyatoro


 Ir al libro La Invención del Tercer Mundo de Arturo Escobar

martes, 4 de noviembre de 2014

Investigación: La eficiencia económica de los grandes, medianos y pequeños productores agrícolas colombianos - Forero et al.

"La pregunta que se planteó esta investigación es la siguiente: ¿Es la agricultura familiar eficiente en términos económicos y pueden o no los agricultores familiares continuar contribuyendo al desarrollo social y económico?

Si bien la permanencia y reproducción de las comunidades rurales y por lo tanto el acceso a la tierra y a los medios de producción, es un derecho que tiene que ver con la identidad y la autonomía de los diversos grupos humanos... Y si bien se pueden plantear otros argumentos a favor de la permanencia de los agricultores familiares tales como la necesidad de estabilizar la sociedad rural dada la situación estructural de economías como la colombiana que no tienen la capacidad, en el sector urbano, de crear puestos de trabajo para absorber población migrante, ni de generar ingresos y condiciones de vida, por encima del nivel de pobreza para un amplio sector de sus habitantes. En fin, si bien los argumentos sociales y políticos pueden ser suficientes para que el modelo de desarrollo colombiano favorezca la permanencia de la agricultura familiar, cabe de todas formas preguntarse - y este es el propósito de esta investigación - sobre la eficiencia económica de la producción agrícola (pecuaria, forestal o pesquera) realizada a pequeña escala.

En Colombia, la viabilidad de la agricultura familiar ha quedado demostrda con su persistencia en las condiciones tan extremadamente difíciles y hostiles que ha tenido que enfrentar en el campo colombiano. Se constata, hoy en día, que la agricultura familiar contribuye con un poco más de la mitad de la producción agrícola, con cerca del 80% de la producción cafetera y con una tercera parte del valor de la producción pecuaria (varias fuentes en Forero et al. 2012 SISPAND). Sin embargo no deja de inquietar el interrogante sobre sus posibilidades de continuar contribuyendo al desarrollo económico del país y de seguir siendo una protagonista fundamental de nuestro sistema agroalimentario. Por supuesto que esta pregunta es crucial en el actual momento en que la sociedad colombiana busca la forma de resolver el conflicto rural y trata de encontrar cual es el  modelo de desarrollo que más le conviene al campo colombiano. En efecto en el país se ha debatido en los últimos años si los grandes empresarios son más eficientes que los pequeños productores y de ser así si el modelo de desarrollo debe centrarse en propugnar por el crecimiento de la denominada agricultura empresarial. A no dudar este debate se ha inclinado a favor de este tipo de agricultura a un punto tal que algunos académicos consideran que en el país se ha privilegiado un modelo de desarrollo agropecuario capitalista en detrimento de la producción de los pequeños agricultores dentro de los cuales se encuentran los denominados agricultores familiares y los campesinos.

Otra pregunta crucial es si en Colombia la agricultura familiar tiene la capacidad de generar ingresos a los hogares rurales que los coloque por encima del nivel de pobreza. En varias ocasiones se ha afirmado, con base en datos de las encuestas de hogares, que quienes trabajan en su propia tierra obtienen ingresos tan bajos que su condición de agricultores, a pequeña escala, no les permite salir de la pobreza. (López et al, 2.000: 75 a 77; Berry y Bejarano, 1.990: 250). Más claramente se ha insistido en que la pequeña producción agropecuaria reproduce la pobreza. Este planteamiento es refutado con la evidencia encontrada en varios países y muy específicamente en Colombia en donde en varios estudios, realizados en una amplia gama de zonas rurales, se ha mostrado que los campesinos (y los agricultores familiares) obtienen ingresos que remuneran su mano de obra muy por encima de los joranales agropecuarios y muy por encima también del salario mínimo legal vigente (Forero, 2010). Es decir se tienen evidencias que muestran que el trabajo agropecuario en sus propias parcelas es la mejor opción para que los hogares rurales obtengan niveles de ingreso por encima de la línea de la pobreza.

La cuestión es, entonces, si la agriculutura familiar puede continuar contribuyendo protagónicamente al crecimiento y a la estabilidad de la producción agropecuaria y si puede coadyuvar, además, a la superación de la pobreza rural. O si bien, en las actuales circunstancias, debe esperarse que más bien sea la gran empresa agrícola la principal responsable del desarrollo económico de la agricultura. 

Para dilucidar estos interrogantes esta investigación se planteó específicamente la pregunta sobre la eficiencia económica de los pequeños, los medianos y los grandes productores agrícolas. ¿Cuál de este grupo de productores es más eficiente?; ¿Cuál es ineficiente?

Y la respuesta, después de analizar la información levantada en doce zonas del país, es que, en promedio, tanto los grandes productores como los pequeños presentan indicadores de eficiencia económica, similares.  

La conclusión: Este estudio concluye que los productores agrícolas, indiferentemente de la escala de su actividad productiva, logran ser eficientes cuando acceden a condiciones aceptables, y que los pequeños productores, así como los agricultores familiares, muestran nítidamente no solamente su eficiencia sino también su capacidad para generar desarrollo económico y soluciones efectivas a la pobreza rural."


https://drive.google.com/file/d/0BxTkwaQhBwkcUGxPQnkydnFTbjQ/view?usp=sharing

jueves, 15 de agosto de 2013

Desarrollo a Escala Humana - Manfred Max Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn

Antonio Elizalde habla sobre El Progreso (Video)

"Hábitos y sesgos en los discursos del desarrollo

... Vivimos y trabajamos una historia que desconoce la sub-historia que la hace posible. De allí que observamos cotidianamente las graves des-articulaciones que se dan entre las actuaciones de las cúpulas políticas y las aspiraciones e impulsos que se desencadenan en los sectores populares. 

Buscamos justificación para nuestras acciones en los planteamientos o pensamientos que atribuimos a nuestro difunto héroe de turno, sin siquiera percatarnos de la sabiduría del hombre y la mujer que siembran el maíz y que, al compartirlo en la olla común, logran sobrevivir, no por lo que hemos hecho, sino a pesar de lo que no hemos hecho.

Vivimos y trabajamos modelos de sociedad que desconocen la complejidad creciente de la sociedad real en que estamos inmersos. De allí que observamos el quehacer febril y obsesionado de los tecnócratas que diseñan soluciones antes de haber identificado el ámbito real de los problemas.

La justificación de los modelos la buscamos en los modelos mismos, de manera que cuando las soluciones fracasan, no es por fallas del modelo, sino por trampas que hace la realidad. Esa realidad que se hace presente no se percibe como un desafío que hay que enfrentar, sino como un obstáculo que hay que domesticar imprimiendo aun mayor fuerza en la aplicación reincidente del modelo.

Vivimos y trabajamos la importancia orientadora de nuestros conocimientos formales adquiridos. De allí que observamos en tantos dirigentes un miedo patológico al protagonismo y a la libertad. El pueblo esta para ser orientado, aun por aquellos que se dan el lujo de desconocer la orientación del pueblo. Asi se diseñan programas para "concientizar", porque por alguna extraña razón se supone que el que sufre no sabe por que sufre, y al que le va mal no sabe que es lo que lo aqueja.

Vivimos y trabajamos la construccion de un orden, sin entender lo que es ordenable ni lo que estamos ordenando. 

De allí que observamos el culto fetichista por la forma, como manera de ocultar el temor inconsciente a las incertidumbres que encierra el fondo. Confundimos así la ley con la justicia y el reglamento con la eficiencia. Identificamos la generosidad con la limosna y la participación con la reivindicación concedida. Utilizamos las palabras sin respetar su contenido y acabamos así construyendo caricaturas en vez de contextos coherentes en los cuales sustentar la construcción de nuestros proyectos de vida individuales y colectivos.

Conscientes de todo lo expuesto, la propuesta que hemos elaborado no es un modelo. Es una opción abierta que solo se justifica en la medida en que se la asuma y entienda como construcción permanente. Nada en ella pretende exhibir el rango de solución definitiva, porque entendemos que el ser humano y todo su entorno son componentes de un fluir permanente que no puede detenerse con milenarismos ni menos con ocasionalismos..."

Tomado del libro Desarrollo a escala humana pág. 18

De esta manera Manfred Max Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn nos invitan a leer su libro Desarrollo a Escala Humana, un referente fundamental que propone "una economía al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía"; en su obra integradora hacen propuestas audaces para caminar hacia una economía como subsistema de la biósfera, hacia una economía humana...

jairmontoyatoro@gmail.com
@jairmontoyatoro