viernes, 15 de febrero de 2013

Plegaria del estudiante - Humberto Maturana

¿ Por qué me impones
lo que sabes
si quiero yo aprender
lo desconocido
y ser fuente
en mi propio descubrimiento?

El mundo de tu verdad
es mi tragedia;
tu sabiduría,
mi negación;
tu conquista,
mi ausencia;
tu hacer,
mi destrucción.

No es la bomba lo que me mata;
el fusil hiere,
mutila y acaba,
el gas envenena,
aniquila y suprime,
pero la verdad
seca mi boca
apaga mi pensamiento y
niega mi poesía, me hace
antes de ser. No quiero la verdad,
dame lo desconocido.

Déjame negarte al hacer mi
mundo para que yo pueda
también ser mi propia
negación y a mi vez ser
negado. ¿Cómo estar en lo
nuevo sin abandonar lo
presente? No me instruyas,
déjame vivir viviendo junto
a mí; que mi riqueza
comience donde tu acabas,
que tu muerte sea mi
nacimiento.

Me dices que lo
desconocido no se puede
enseñar, yo digo que
tampoco se enseña lo
conocido y que cada hombre
hace el mundo al vivir.

Dime, que yo tejeré sobre tu
historia; muéstrate para que
yo pueda pararme sobre tus
hombros. Revélate para que
desde ti pueda yo ser y
hacer lo distinto; yo tomaré
de ti lo superfluo, no la
verdad que mata y congela;
yo tomaré tu ignorancia
para construir mi inocencia.

¿No te das cuenta de que
has querido
combatir la guerra
con la paz, y la paz
es la afirmación de la guerra ?

¿No te das cuenta
de que has querido
combatir la injusticia
con la justicia,
y que la justicia
es la afirmación
de la miseria?

¿No te das cuenta
de que has querido combatir
la ignorancia
con la instrucción
y que la instrucción
es la afirmación
de la ignorancia
porque destruye
la creatividad?

Tu conocimiento
nos muestra el mundo
o lo niega,
porque es la historia
de tus actos,
o lo negará porque
despertando tu imaginación
te llevará a cambiarlo

Deja que lo nuevo
sea lo nuevo
y que el tránsito
sea la negación del presente;
deja que lo conocido
sea mi liberación,
no mi esclavitud.

No es poco lo que te pido.
Tú has creído
que todo ser humano
puede pensar,
que todo ser humano
puede sentir.
Tú has creído
que todo ser humano
puede amar y crear.

Comprendo pues tu temor
cuando te pido
que vivas
de acuerdo a tu sabiduría
y que tú respetes
tus creencias;
ya no podrás predecir
la conducta de tu vecino,
tendrás que mirarlo;
ya no sabrás
lo que él te dice escuchándote,
tendrás que dejar poesía
en sus palabras.

El error será
nuevamente posible
en el despertar
de la creatividad,
y el otro tendrá presencia.
Tú, yo y él tendremos
que hacer el mundo.
La verdad perderá
su imperio
para que el ser humano
tenga el suyo.

No me instruyas,
vive junto a mí;
tu fracaso es
que yo sea
idéntico a ti.

Tomada de El sentido de lo humano de Humberto Maturana Romecín

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miércoles, 13 de febrero de 2013

Planeta con hambre - Peter Menzel y Faith D'Alusio. Lo que come el mundo...

Hoy, desde el recurso de la fotografía, podremos dar un vibrante recorrido por familias de varios países, todas ellas retratadas en su hogar, en su espacio, con sus objetos y con los alimentos que consumen en una semana y el costo de los mismos.

Este profundo trabajo del fotógrafo Peter Menzel y el escritor Faith D’Aluisio, reunido en su libro Hungry Planet: What the World Eats, nos permite observar y pensar en la diversidad del mundo que hoy habitamos, en los desequilibrios que presenta y en la cotidianidad de las vidas de los 7.065 millones de humanos que hoy poblamos la tierra.

Estás imágenes irremediablemente hacen pensar y poner en tensión el discurso de sostenibilidad preponderante, aquel que se fundamenta en el supuesto que la técnica, la tecnología y la ciencia rescatarán a los humanos de los excesos que cometen.

Indudablemente el asunto ambiental tiene que ser mucho más que el mercadeo de lo verde y la búsqueda de "oportunidades de negocio" que ni siquiera mitigan el problema, por que el problema es sustancial y su solución va mucho más allá que la exhibición de "sellos verdes" que en muchos casos funcionan sólo como estrategias para limpiar caras muy sucias.

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viernes, 8 de febrero de 2013

La voz del arco iris - Leonardo Boff. Desde el Pensamiento Ambiental

"...Ecología social frente a la pobreza y la exclusión 

Hablamos hoy de las muchas crisis que estamos sufriendo: crisis económica, energética, social,  educativa, moral, ecológica y espiritual. Si observamos bien veremos que en todas ellas se encuentra la  crisis fundamental: la crisis del tipo de civilización que hemos creado en los últimos 400 años. Esta crisis  es global porque este tipo de civilización ha sido prácticamente difundida e impuesta a todo el globo.

¿Cuál es la señal visible que caracteriza este tipo de civilización? Que produce pobreza y miseria por un lado y, por el otro, riqueza y acumulación. Este fenómeno se nota a nivel mundial: hay pocos países ricos y muchos países pobres. Se nota principalmente en el ámbito de las naciones: pocos estratos  beneficiados con gran abundancia de bienes de vida  (comida, medios de salud, de vivienda, de  formación, de diversión), y grandes mayorías carentes de lo esencial para vivir. Incluso en los llamados  países industrializados del hemisferio norte hay bolsas de pobreza (Tercer Mundo en el Primer Mundo) así  como hay sectores opulentos en el Tercer Mundo (Primer Mundo en el Tercer Mundo), en medio de la miseria generalizada. Las críticas que siguen pretenden denunciar las causas de esta situación. 

Críticas al actual modelo de sociedad

Hay tres líneas de crítica al actual modelo de civilización y de sociedad, tal como lo han señalado  destacados analistas. 

La primera, hecha por los movimientos de liberación de los oprimidos, dice: el núcleo de esta  sociedad no está construido sobre la vida, el bien  común, la participación y la solidaridad entre los  humanos. Su eje estructurador está en la economía de corte capitalista, conjunto de poderes e  instrumentos de creación de riqueza —y ahora viene su característica básica— mediante la depredación de  la naturaleza y la explotación de los seres humanos. La economía es la economía del crecimiento ilimitado,  en el menor tiempo posible, con la mínima inversión y máxima rentabilidad. Quien consiga obedecer esta lógica y mantenerse dentro de esta dinámica acumulará y será rico a costa de un permanente proceso de explotación. 

Por lo tanto, la economía se orienta por un ideal de desarrollo material, mejor podríamos llamarlo  crecimiento, que se sitúa entre dos infinitos como  ya hemos visto en el capítulo anterior: los recursos  materiales supuestamente ilimitados y el futuro abierto indefinidamente hacia delante. 

Para este tipo de economía de crecimiento, la naturaleza se degradada a un conjunto de recursos  naturales o materias primas, disponibles a favor de intereses humanos particulares. Los trabajadores  son considerados como recursos humanos, o peor, como material humano, en función de una meta de  producción Como puede deducirse, su visión es instrumental y mecanicista: personas, animales, minerales, en fin, todos los seres pierden su valor intrínseco propio y su autonomía relativa, quedando  reducidos a simples medios para un fin fijado subjetivamente por el ser humano, que se considera el  centro y el rey del universo. 

¿Cuáles son las críticas principales a este modelo social? Que no consigue crear riqueza sin generar al  mismo tiempo pobreza, que es incapaz de conseguir desarrollo económico sin producir simultáneamente  explotación social nacional e internacional. Y tampoco es democrático porque monta un sistema político de control y de dominio del proceso productivo por  parte de los detentores del poder económico. 

La  democracia acaba en la puerta de la fábrica o crea  democracias reducidas (nuestras democracias  liberales representativas) o  democraturas  (democracias bajo tutela militar), pero nunca se instaura una  democracia que sirva como valor universal, que respete los contenidos de la palabra democracia, es  decir, la forma de organización social asentada por el pueblo organizado, forma que se articula alrededor  del bienestar de la mayoría mediante la participación, creando así niveles crecientes de igualdad, de solidaridad y de respeto a las diferencias. De esta crítica han nacido los movimientos de los oprimidos por  su liberación, que van desde la lucha de los sin-tierra y los sin-techo hasta los sindicatos combativos  organizados autónomamente. 

Nació así la cultura de la ciudadanía, de la democracia, de la participación,  de la solidaridad y de la liberación. En ella echa sus raíces la teología de la liberación, la primera síntesis  teológica nacida en el Tercer Mundo (América Latina), con repercusiones en todas las Iglesias y en los centros metropolitanos de pensamiento. Postula un desarrollo que atienda a las demandas de todos y no  solamente a los más fuertes; una economía de lo suficiente para todos...


...Somos parte de un inmenso equilibrio/desequilibrio ecosocial

Queremos ahora profundizar la tercera corriente, la ecológica, en su dimensión social. El gran reto viene  de la pobreza y de la miseria. Estos son los principales problemas ecológicos de la humanidad, no el tití-león dorado, ni el oso panda de China ni las ballenas de los océanos. 

Comencemos diciendo que pobreza y miseria son problemas sociales y no naturales ni fatales. Son  causadas por la manera como se organiza la sociedad. Hoy tenemos conciencia de que lo social es parte  de lo ecológico, en su sentido amplio y verdadero. Ecología tiene que ver con las relaciones de todo con  todo, en todas las dimensiones. Todo esta interconectado. No hay compartimentos estancos, lo ambiental por un lado y lo social por el otro. La ecología social se propone estudiar las conexiones que las  sociedades establecen entre sus miembros y las instituciones, y las de todos ellos con la naturaleza que  los contiene..."

Leonardo Boff
La voz del arco iris. Hacia una espiritudalidad planetaria y ecológica
Pág. 7

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martes, 5 de febrero de 2013

Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011. Colombia rural razones para la esperanza. ¿Será que en esta ocasión si le toca a los campesinos?.

"Me preocupa el rumbo que está tomando la discusión sobre el problema agrario de cara a las negociaciones de paz. He asistido a varios foros entre expertos y líderes políticos y sociales. Se lanzan a la cara largos diagnósticos y complicadas propuestas para transformar el campo colombiano. No es eso lo que falta. Yo, que soy un simple columnista, explorador de temas diversos, de tanto oír sobre el asunto, tengo en mi cabeza el lío completo y las soluciones que se han ensayado en otras latitudes.

Resumo en unas frases lo que todo el mundo sabe. Tenemos una aberrante concentración de la propiedad, quizás la más alta del mundo: el 1,5 por ciento de los propietarios tiene el 52 por ciento de la tierra cultivable; también el más absurdo uso del suelo: 4,9 millones de hectáreas se dedican a la agricultura, 39,5 millones a una ganadería extensiva e ineficiente y cerca de 10 millones han sido concedidas para una explotación -de bajo compromiso social y muy agresiva con el medio ambiente- de minas e hidrocarburos. Esto ha llevado a que el campo sea más desempleado, más miserable, más pobre y más comprometido con la guerra, que las ciudades. 



Sigo. Está demostrado que la pequeña y mediana producción campesina acompañada de seguridad, de créditos, de asistencia técnica y de redes de comercialización, es abiertamente competitiva y puede generar mucho más empleo que la gran empresa agrícola. Pero también está demostrado que en algunos renglones de la agricultura es obligatoria una alta inversión de capital y la conformación de grandes empresas para resolver la creciente demanda alimentaria, jalonar el producto interno bruto y propiciar la modernización del campo. 



Igualmente se sabe que solo una decisiva intervención del Estado y una creciente participación de las comunidades en la regulación y el control de la minería y los hidrocarburos puede conducir a transformar esa riqueza natural en riqueza productiva y puede mitigar el grave impacto ambiental y social que en otros países ha tenido el boom de la minería y el petróleo. 



Es una pendejada discutir estas cosas sabidas mientras en el Congreso de Fedegán, realizado en la ciudad de Santa Marta, a finales de noviembre, José Felix Lafaurie enhebra una diatriba contra la posibilidad de un cambio en el agro derivado de las negociaciones de La Habana y arranca una salva de aplausos cuando dice que “no quiera Dios que hoy, los ganaderos, tengamos que tragarnos el sapo de una reforma agraria impuesta por las Farc”. Es la misma actitud que asumieron en 1971 frente a la movilización campesina pacífica y que llevó al ‘Pacto de Chicoral’ que suscribieron los gremios del campo encabezados por Fedegán con los liberales y los conservadores para echar al suelo la reforma agraria que había lanzado Carlos Lleras Restrepo. 



Ahí está el principal obstáculo. La muralla que nadie ha logrado derribar. También juega en contra de la transformación profunda del agro, la resistencia de la guerrilla y de la izquierda toda, al desarrollo capitalista del campo, bien reflejada en algunos apartes del discurso de Iván Márquez en Oslo. 


El país no puede perder la oportunidad que se abrió en La Habana para discutir una estrategia de choque que nos lleve a una redistribución de la tierra; y ahí, o se pacta con los grandes terratenientes o se los doblega, no hay otra alternativa. También es imprescindible una alianza de la guerrilla, las organizaciones campesinas y la izquierda con la dirigencia empresarial y política del país inclinada a la modernización del campo para estructurar un modelo que combine el impulso a la pequeña y mediana producción campesina con el desarrollo de la gran empresa agrícola y la explotación controlada y sostenible de la minería y el petróleo. Y para que esta revolución agraria fructifique es obligatorio desatar un gran proceso de organización y movilización de la población campesina. 

Tal debería ser el centro de la discusión en el foro que por encargo de la mesa de La Habana organizan la Universidad Nacional y el PNUD. No sea que Bruno Moro y Alejo Vargas, después de reunir a un jurgo de expertos y líderes gremiales y políticos, les terminen enviando a los negociadores de paz una interminable lista de recomendaciones tan farragosas como inocuas."

León Valencia, Ir a la Columna de León Valencia en la Revista Semana 

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viernes, 1 de febrero de 2013

Colombia en el planeta - William Ospina. Él tiene miedo, anda armado y enloquecido...

"... Hoy los colombianos somos víctimas de los tres grandes males que echaron a perder a Macondo: la fiebre del insomnio, el huracán de las guerras, la hojarasca de la compañía bananera. Vale decir: la peste del olvido, la locura de la venganza, la ignorancia de nosotros  mismos que nos hizo incapaces de resistir a la dependencia, a la depredación y al saqueo. La  exuberante Colombia parece haber perdido la memoria, parece haberse extraviado en su  territorio, como esos personajes de Rivera a los que se tragó la selva, y parece haber perdido toda  confianza en sí misma, hasta el punto de no creer que haya aquí ninguna singularidad, ninguna  fortaleza original para dialogar con el mundo. Es, por supuesto, una mala ilusión, porque el  mundo sabe, a veces mejor que Colombia misma, que el país está lleno de originalidad y de  lenguajes vigorosos. Pero es necesario que Colombia lo sepa también..."

"... Reconocerse en sí misma es el gran desafío de la Colombia presente. Mientras los colombianos  no tengamos un lenguaje común para hablar de nuestro territorio, y no tengamos un relato  compartido de los mitos y de los símbolos que nos unen, será muy difícil cumplir juntos las  tareas que nos está reclamando la historia. Un país sólo vive en confianza, sólo se constituye  como nación solidaria cuando comparte una memoria, un territorio y unos saberes originales.


No basta tenerlos, es necesario compartirlos. La urgente tarea de refundación de Colombia es  antes que todo una tarea cultural: debemos emprender una gran expedición por el olvido,  debemos pronunciar un conjuro contra la venganza desde las encrucijadas de nuestro territorio  en peligro, debemos vivir una original aventura estética, mirando la naturaleza equinoccial, las  ciudades nacidas del choque de la modernidad con la tradición, y explorando las riquezas del  mestizaje, para encontrar los rostros y los lenguajes que definen nuestro lugar en el planeta..."


"... El asesinato es un  arma política común, y también un instrumento siniestro de control social. Pero tal vez lo que  permite que la venganza recurra al crimen para dirimir los conflictos es esa idea de que los seres  humanos se borran con la muerte. Lo que impidió que los muertos de la dictadura Argentina se  perdieran en el olvido fue que las Madres de la Plaza de Mayo los sacaron a la calle día tras día y  año tras año: es así como se demuestra que el amor es más poderoso que la muerte. Aquí es  necesario despertar a los muertos, pedirles que sigan vivos en el corazón de quienes los amaron,  que nos acompañen en una larga fiesta por la vida. Los Wayúu suelen atar con cintas rojas las  manos y los pies de quienes han sido asesinados, para que el asesino no pueda olvidar que ha  cometido un crimen. Cuando hayamos cumplido esa labor poética y mítica de despertar a los  muertos, de convertirlos en aliados de la vida, cuando hayamos demostrado que no es tan fácil  matar del todo a un ser humano, la venganza tendrá que inventarse otras formas de dirimir sus  conflictos, y no podrá creer que se elimina una contradicción eliminando a los contradictores..."


"... Del mismo modo debemos contrariar la locura que hizo que década tras década el país se haya
acostumbrado a vivir bajo la sombra mítica de un monstruo que se finge eterno, omnipresente y omnipotente. Ese monstruo  se llamó Sangrenegra y Desquite, se llamó Fabio Vásquez y Javier Delgado, se llamó Gonzalo Rodriguez Gacha y Pablo Escobar, y aunque cíclicamente caía en poder de la justicia o bajo una lluvia de balas, mostrando que no era más que un pobre ser resentido y vengativo, sigue imperando por el miedo sobre la sociedad y, a pesar de su muerte, vuelve a alzarse una y otra vez, con otro nombre y otros discursos, creyéndose de nuevo el dueño del país, el que decide quien vive y quien muere, quien permanece en el territorio y quien se va de él. 

¿Qué hace que Colombia se haya habituado a vivir bajo la gravitación de ese monstruo inevitable siempre significativo y siempre insignificante? Tal vez lo que tiene que ser conjurado no es el monstruo particular, por el que sus propios patrocinadores y voceros terminan sintiendo terror, y al que finalmente destruyen, sino la costumbre colectiva de estar a la vez fascinados y aterrorizados con él. Como el mítico Minotauro de Creta, que exigía a cada año el tributo de la sangre joven de la isla, este monstruo parece ineluctable, pero es verdadera la interpretación que hizo de él Borges en su relato "Asterion": la principal necesidad del monstruo es la de desaparecer, y lo único que verdaderamente lo sostiene es el temor que la sociedad le profesa. 

Este es un país peligroso pero valiente. La gran mayoría de la sociedad está compuesta por seres valerosos que cada mañana salen a las calles desarmados, a luchar por la vida, a trabajar y a crear. Sin embargo, se ha extendido la creencia que los valientes son los tenebrosos guerreros que necesitan andar armados hasta los dientes y que se jactan de perdonar a todos los demás el atrevimiento de existir. 

Nuestro gran desafío es ayudar al monstruo a desaparecer. Y para ello es fundamental cambiar nuestras ideas de la valentía y de la cobardía. Es el monstruo el que tiene miedo, es por eso que anda armado y enloquecido, y Colombia debe vivir la fiesta de reírse del monstruo, desarticularlo como a esos muñecos de carnaval de los que cada miembro de la comparsa lleva una parte y que a veces se disgregan ante los ojos regocijados de los niños..."

"... Nuestra sociedad tradicionalmente pobre, que nunca vivió la prosperidad de México o La  Habana en el siglo XVIII, de la Argentina a comienzos del XX, de Venezuela a mediados de siglo,  nuestra sociedad, arrojada a una lucha desamparada y solitaria por lo material, aislada en  individuos que crecieron en la falta de estímulos y la abundancia de obstáculos, en manos de  clases dirigentes sin carácter que nunca dirigieron nada, está comprendiendo tardíamente que la mayor riqueza posible es la menos palpable: el privilegio de compartir una realidad donde sea  posible confiar en los demás, y que los demás confíen en nosotros..."

"... Colombia necesita reconocerse en Macondo, necesita curarse del olvido, curarse de la venganza  y curarse de la ignorancia de sí misma, y sólo podrá lograrlo viajando por el olvido, despertando a los muertos, contando y cantando los secretos de su continuo vivir en peligro, conjurando los  fantasmas del miedo, y emprendiendo un diálogo nuevo con el mundo. Ello reclama una  aventura vital festiva y múltiple, enriquecida por los lenguajes del arte, que brote de la  comunidad sin exigir el patrocinio del Estado, y donde cada colombiano pueda sentirse y actuar  como protagonista. Una iniciativa autónoma de la cultura colombiana para abrir el país a los  creadores y artistas del mundo, a todos los que quieran vincularse como acompañantes y amigos  en una Expedición de Colombia por su propia memoria, por la vastedad de su territorio,  reconociendo la originalidad de sus sueños y de sus lenguajes..."

William Ospina
Apartes del ensayo Colombia en el planeta

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martes, 29 de enero de 2013

Filosofía aquí y ahora - José Pablo Feinmann. Hemos sido pensados más de lo que pensamos...

Vale mucho disfrutar algunos minutos al filósofo y maestro argentino Feinnman quien nos mira como latinos.

"... pensar en situación, pensar desde nosotros mismos, hemos sido pensados más de lo que pensamos, y cuando nos hemos pensado, pensamos a partir de categorías europeas... raramente hemos elaborado categorías propias que surgieran de la realidad del continente latinoamericano..."

José Pablo Feinnman

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jueves, 24 de enero de 2013

Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011. Colombia rural razones para la esperanza. Principales rasgos del modelo rural en Colombia (Parte 1).


1. El modelo no promueve el desarrollo humano y hace a la población rural más vulnerada

El actual modelo no está orientado a ampliar el desarrollo humano de los pobladores rurales. Por el contrario, obstáculos estructurales como la inequidad en los beneficios de la modernización; la concentración de la propiedad y la generación de conflictos por la tierra y el control del territorio; la exclusión de sus habitantes del crecimiento y desarrollo sectorial; y la ausencia de condiciones políticas apropiadas que les permitan acceder de manera democrática a los procesos de toma de decisiones públicas, impiden fortalecer sus capacidades, ampliar las opciones para definir y enriquecer sus proyectos de vida, estimular procesos de empoderamiento y afianzar sus libertades políticas y económicas. Todos estos obstáculos al desarrollo crean condiciones para la violación de los derechos humanos de los habitantes del campo.

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2. El modelo es inequitativo y no favorece la convergencia

El modelo de desarrollo rural es profundamente desigual. Los beneficios de la modernización del sector han favorecido a los grandes productores en detrimento de los pequeños y de las comunidades rurales. La posibilidad de obtener ganancias en productividad, a partir de la incorporación de innovaciones tecnológicas, permitió mejorar los procesos de acumulación de capital de los empresarios agrícolas, pero tales avances no se reflejaron en una mejora en la calidad de vida de los hogares rurales.

En el transcurso de la última década, la política pública se orientó a otorgar subsidios y subvenciones directas a los grandes productores, dejando en manos de privados los rumbos del desarrollo. La pérdida de instrumentos de intervención y el repliegue de la institucionalidad produjo una concentración de los recursos públicos y de los excedentes del sector, creando mayores inequidades en la sociedad rural, y reduciendo la posibilidad de que la población se articulara al crecimiento y participara de los beneficios del desarrollo.

Además el modelo favoreció la transferencia tecnológica a aquellos productores agrícolas y pecuarios con la capacidad de adaptar las nuevas técnicas a sus procesos productivos. 

Con la apertura, la agricultura comercial se consolidó, logró mecanizar y modernizar su estructura productiva y mejorar la productividad de grandes extensiones de tierras de buena calidad, mientras otras propiedades se dedicaron a valorizar los suelos y a acumular rentas especulativas gracias a la concentración de la propiedad.

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viernes, 18 de enero de 2013

La opulencia y la precariedad son hermanas. Utilidades del sistema financiero en Colombia

Cuando a la inmensa mayoría de los colombianos se les habla de un billón esta es una cifra que ni siquiera son capaces de imaginar.

Y cuando en un país como el nuestro en sólo once meses (enero – noviembre de 2012) el sistema financiero acumula ganancias por 34,24 billones de pesos esto se manifiesta como un asunto por lo menos indignante.

En los últimos cinco años el sistema financiero, que es propiedad de apenas unas decenas de familias, ha acumulado utilidades por 85 billones de pesos.

2008    10, 8 billones
2009      8,49 billones
2010    31,51 billones
2011    10,29 billones
2012    34,24 billones

Cuando se habla de utilidades empresariales netas, son aquellas que quedan después de haber cubierto los gastos operativos, los gastos financieros, los pasivos pensionales, las depreciaciones, etc. Es decir la utilidad neta es aquella de la cual la empresa puede disponer sin poner en mínimo riesgo la existencia del negocio.

Es caso bien distinto hablar de los ingresos de quienes trabajan, los cuales de manera general son bajísimos en todos los niveles (operarios, profesionales, etc.); el salario mínimo actual es de $589.500 y fue aumentado en un 4,02%, las ganancias del sistema financiero crecieron en un solo año más  del 300%.

De los colombianos que trabajan (alrededor de 20 millones de personas) vale la pena recordar que:

El 57,5% ganan un salario mínimo o menos
El 85,7% ganan menos de dos salarios mínimos

Los dueños del sistema financiero, de los medios de comunicación, de las telecomunicaciones, de la mayoría de políticos, son las mismas familias y continuarán fortaleciendo su ganancia mientras la desinformación, la indiferencia y la pusilanimidad continúe habitándonos de manera generalizada.

La opulencia de muy pocos es posible sólo generando la miseria de la inmensa mayoría; la opulencia siempre será vergüenza en medio de la sobrevivencia.

jair

martes, 15 de enero de 2013

El arte de amar - Erich Fromm. Amar es fundamentalmente dar.

"...El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería..."

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"...En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir.

¿Qué es dar? Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades. El malentendido más común consiste en suponer que dar significa renunciar a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar.

El cararácter mercantil está disupesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa. La gente cuya orientación fundamental no es la productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar una alegría.

Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de la potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder,. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mí mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad..."

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El arte de amar (1956)
Erich Fromm


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